
¡Río de Janeiro se convirtió en el set de una película de acción más trágica que graciosa! La operación policial más mortífera de la historia de Brasil dejó al menos 132 muertos, según la Defensoría Pública, más del doble de las 64 víctimas reportadas inicialmente. Esto, a días de que la ciudad acoja eventos climáticos mundiales como la COP30.
Las redadas, dirigidas contra la banda Comando Vermelho que controla el narco en varias favelas, ocurrieron en Penha, donde residentes hallaron cuerpos en una zona boscosa y los alinearon en una calle, formando una escena más sombría que un final de telenovela. Más de 70 cadáveres yacían allí, algunos cubiertos con sábanas, mientras familias como la de Taua Brito buscaban a sus seres queridos entre lágrimas y curiosos. El gobernador Claudio Castro insistió en que los fallecidos eran delincuentes, argumentando que “nadie pasea por el bosque en un conflicto”. ¿En serio? También lamentó la muerte de cuatro policías como las “únicas víctimas reales”.
Esta masacre sucede mientras Río se prepara para la cumbre C40 de alcaldes y el Premio Earthshot del príncipe Guillermo, eventos que contrastan con la violencia que opaca la belleza de la ciudad. El presidente Lula, recién llegado de Malasia, aún no ha abierto la boca, aunque ya se reunió con su gabinete. La ONU y grupos civiles critican la brutalidad de estas operaciones en comunidades marginadas.
¿Y ahora qué? Río, que ha hospedado Olimpiadas y cumbres sin tanto caos, parece atrapada entre balas y discursos verdes. Esperemos que la COP30 traiga aire fresco, porque este humo no es de incienso. (Total de palabras: 266)

