El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, se ha librado de un segundo intento de desafuero en la Asamblea Legislativa, como si fuera un superhéroe esquivando balas de papel. El martes, solo 35 de los 38 diputados necesarios votaron para quitarle la inmunidad y dejar que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) lo investigue por meterse en la campaña electoral de febrero. ¡Casi, pero no!
El TSE quería desnudar políticamente a Chaves por supuestamente violar la ley de neutralidad, algo así como un árbitro jugando para un equipo. Con denuncias a montones, lo acusan de empujar su movimiento político y pedir una mayoría legislativa para reformas radicales entre 2026 y 2030. Chaves, que deja el cargo el 8 de mayo sin chance de reelección inmediata, gritó que esto era un “golpe de estado” disfrazado. Pero con 21 diputados defendiéndolo, el hombre se mantiene intocable.
El TSE, resignado, dijo que el proceso queda en pausa hasta que Chaves pierda la inmunidad al finalizar su mandato. Esto se suma a un intento fallido en septiembre por un caso de corrupción, donde tampoco lograron los votos. Algunos opositores prefirieron no convertirlo en “mártir”, temiendo que el oficialismo gane más fuerza. Mientras tanto, Laura Fernández, candidata oficialista y exministra de Chaves, lidera las encuestas para las elecciones, aunque un 40% de votantes aún no saben si votarán por ella o por alguno de los otros 19 candidatos. ¿Llegará al 40% necesario para evitar una segunda ronda?
Al final, Chaves se ríe de sus detractores como un villano de película barata. ¿Será intocable hasta mayo o solo está ganando tiempo? Costa Rica, agarra las palomitas, que esto sigue.


