Rusia salió al ruedo este jueves para darle un tirón de orejas a Donald Trump, calificando de “inaceptable” su lenguaje de chantaje contra Cuba. María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, expresó su preocupación por la escalada de tensión en América Latina, especialmente con la “isla de la libertad”, que lleva décadas sufriendo sanciones más duras que un chiste de mal gusto.
Trump había advertido a La Habana que “llegue a un acuerdo” antes de que sea tarde, sin aclarar si hablaba de un trato político o de un trueque por cigars. Zajárova no se guardó nada, diciendo que estas amenazas son un golpe bajo para un pueblo ya machacado por bloqueos ilegales. Mientras, Cuba rechazó como “manipulación política” la ayuda humanitaria de EE. UU. tras el huracán Melissa, que azotó el este de la isla en noviembre.
El Departamento de Estado gringo envió tres millones de dólares en ayuda, con dos vuelos chárter desde Miami cargados de alimentos, purificadores de agua, utensilios de cocina y linternas solares para unas 6,000 familias en Santiago de Cuba, Holguín, Granma y Guantánamo. También planean un barco con más suministros. Pero Cuba explotó: no hubo comunicación oficial con Washington, y ven este “gesto humanitario” como un truco más sucio que un reality show.
Las tensiones se han disparado tras el ataque de EE. UU. a Venezuela el 3 de enero, y las palabras de Trump solo echan más leña al fuego. Rusia vigila desde la barrera, mientras Cuba se planta firme. ¿Será este el preludio de un culebrón caribeño o solo otro capítulo de drama internacional?


