
¡Sujeten sus sombreros, que esto está más picante que un taco con salsa extra! La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le ha puesto un freno más firme que un bache en carretera al mismísimo Donald Trump. El presidente de EE.UU. anda con ganas de meter sus narices —y sus tropas— en México con operaciones de inteligencia y presencia militar para “combatir el narco”. Pero Sheinbaum, con la garra de una jaguar, le ha dicho un rotundo “ni lo pienses, compadre”.
En varios encuentros que debieron ser más tensos que una discusión de familia en Navidad, Sheinbaum rechazó de plano cualquier oferta de tropas o apoyo logístico gringo. “No va a ocurrir. Tenemos un entendimiento en seguridad trabajado durante meses con el gobierno de Estados Unidos, acordado con el secretario de Estado Marco Rubio. Seguiremos en ese marco con principios claros”, afirmó con más seguridad que un candado en caja fuerte. Y cuando Trump insistió en “ayudar”, ella le recordó que México es “libre, independiente y soberano”, como si tuviera que explicarle que no somos el patio trasero de nadie.
Mientras Trump parece querer convertir esto en una película de Rambo con él como protagonista, Sheinbaum defiende la soberanía con más orgullo que un mariachi en fiesta patria. Nada de botas yanquis pisando tierra azteca, ni espías jugando a James Bond en nuestras calles. La estrategia contra el crimen organizado será a la mexicana, sin guiones de Hollywood.
Por ahora, la línea está trazada más clara que un tequila reposado. ¿Entenderá Trump el mensaje, o seguirá soñando con su invasión estilo reality show? Solo el tiempo, y tal vez un buen mezcal, nos dará la respuesta.

