La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, no se mordió la lengua al hablar del caos en Medio Oriente tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que han dejado miles de víctimas. Según ella, la ONU ya no sirve ni para organizar una rifa, incapaz de cumplir su misión original de dar voz a todos los países. En lugar de ser un árbitro imparcial, parece más un club VIP donde los que tienen más tanques mandan.
Sheinbaum lamentó que, después de la Segunda Guerra Mundial, la idea era que la ONU evitara desastres, pero ahora solo mira cómo los civiles pagan el precio de las decisiones de los “grandes”. “Es triste, por decir lo menos”, dijo, señalando que los inocentes siempre terminan en el ojo del huracán mientras los poderosos juegan al Risk con mapas reales. Para ella, la organización ha perdido tanto peso que ni un influencer con dos seguidores le haría caso.
La mandataria insistió en que la ONU debe recuperar su papel diplomático multilateral, como si fuera un terapeuta de parejas internacionales que arregle pleitos sin tirar platos. Propuso, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, hacer un llamado a la paz, aunque reconoció que sin respuesta global, sería como gritarle a una pared.
Como cereza del pastel, Sheinbaum sugirió que hasta el Mundial de fútbol podría ser más efectivo para unir pueblos que cualquier resolución de la ONU. ¿Un gol por la paz? Suena más optimista que creer que las naciones dejarán de pelearse por un pedazo de desierto.


