En una mañanera que parecía un pitch de inversionistas, Claudia Sheinbaum y la Secretaría de Hacienda presentaron el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar. Con más de mil 500 proyectos en la mira, prometen una “inversión histórica” que, según ellos, hará que México brille como nunca.
Édgar Amador Zamora, titular de Hacienda, desglosó los dos pilares del plan: crecimiento económico y servicios básicos. El pastel de recursos se reparte así: un jugoso 54.15% va para energía, como si quisieran encender el país entero con un solo interruptor. Luego están los trenes con 15.63%, carreteras con 13.94%, puertos con 6.48% y salud con 6.23%. Agua se lleva un humilde 2.83%, educación un mísero 0.34% y aeropuertos un simbólico 0.04%, apenas para un café en la sala de espera.
Para 2026, la inversión pública alcanzará el 2.5% del PIB en el Proyecto de Egresos, más un extra de 1.9% –unos 722 mil millones de pesos– que vendrá de esquemas mixtos, como quien pide prestado al vecino para terminar la fiesta. Amador aseguró que analizaron cada uno de los mil 500 proyectos para que no sean elefantes blancos, sino obras con sentido técnico y sostenible.
Sheinbaum, por su parte, liderará un Consejo de Planeación Estratégica de la Inversión para priorizar y apagar incendios de ejecución antes de que se salgan de control. ¿Será este el gran salto de México al futuro, o solo un sueño de cemento y acero? Por ahora, el plan pinta ambicioso, pero falta ver si los números cuadran tan bien como en la presentación.


