¡Agua va, pero con estrategia! Claudia Sheinbaum, desde su conferencia matutina, tackled el espinoso tema del agua del Río Bravo, pactado en el Tratado Internacional de 1944 con Estados Unidos. En medio de tensiones comerciales, la presidenta soltó una idea más refrescante que un vaso helado: revisiones anuales del volumen entregado, ajustadas según las lluvias, en vez de los chequeos cada cinco años.
Sheinbaum explicó que, durante el ciclo 2020-2025, México acumuló un adeudo acuático con los gringos por una sequía más cruel que un verano sin ventilador, especialmente en los últimos tres años de Andrés Manuel López Obrador. Las presas internacionales y el Río Bravo se quedaron más secos que un chiste malo, dejando un déficit al cierre del periodo. Pero, ¡ojo!, la mandataria desmintió rumores de incumplimiento: todo se ha negociado, con apenas unas semanas de retraso, no con menos agua.
La estrategia tiene dos etapas para saldar la deuda, aunque Sheinbaum no soltó todos los detalles como si fuera un spoiler de serie. El verdadero malabarismo está en balancear el envío sin dejar sediento al campo mexicano. Ya charló con gobernadores fronterizos, y tanto ellos como los agricultores dieron el visto bueno para las próximas entregas, siempre que no se toque el consumo humano y se compense a los productores por el impacto en sus cultivos.
Mirando al futuro, Sheinbaum apuesta por revisiones anuales para adaptarse a sequías más frecuentes que un meme reciclado. ¿Flexibilidad hídrica? Suena a plan más sólido que un dique. Mientras, los gringos esperan su agua y los farmers mexicanos cruzan los dedos por no quedarse secos. ¡Esto es diplomacia con gotero!


