Claudia Sheinbaum anunció este lunes que próximamente recibirá en México al titular del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, justo después de rechazar formalmente el informe que el organismo presentó sobre la situación del país. Básicamente, un «no me gusta tu documento, pero ven a platicar» de manual diplomático. La presidenta aclaró que rechazar el informe no significa ruptura con la ONU: «Eso no quiere decir que no tengamos comunicación con la Comisión, con los organismos de Naciones Unidas y con el Alto Comisionado», subrayó, dejando claro que esto es desacuerdo constructivo, no portazo.
Para preparar la reunión, el gobierno conformó un grupo de trabajo interinstitucional que analiza en detalle el contenido del informe. Las dependencias convocadas incluyen a la Secretaría de Gobernación, Relaciones Exteriores, Seguridad Pública, la Fiscalía General de la República y la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Además, Sheinbaum solicitó al ministro Arturo Zaldívar que colabore en la revisión del documento y en la construcción de la respuesta institucional. Zaldívar, quien se desempeña en la Presidencia, suma peso legal a la mesa como si fuera refuerzo estelar.
La mandataria explicó que la revisión tiene doble propósito: construir los argumentos con los que México responderá ante el Alto Comisionado e identificar los señalamientos válidos del documento para incorporarlos al diálogo. «Tomar la parte importante del informe hacia el Gobierno de México que nosotros reconocemos, para poder dialogar con el Alto Comisionado», indicó. Entre los temas centrales del diálogo destacan desapariciones forzadas y la situación general de derechos humanos. Sheinbaum no detalló las razones del rechazo al informe, pero sí enfatizó que existe plan concreto para informar a la ONU sobre acciones implementadas. Rechazar, sí. Cerrar puertas, nunca.


