Claudia Sheinbaum se quedó con las ganas de celebrar tras el rechazo de su Reforma Electoral en San Lázaro, pero no bajó los brazos. Solo Morena, unos cuantos del Partido Verde y un solitario del PT apoyaron la iniciativa, mientras PRI, PAN y Movimiento Ciudadano le dieron la espalda. La presidenta insistió en votar, sabiendo el resultado, como quien lanza un dardo con los ojos vendados. “Cumplí con la gente”, dijo, defendiendo su promesa de pelear por lo que el pueblo pide.
El cálculo era doble: cumplir un principio y, de paso, exponer a quienes se niegan a recortar el derroche en partidos e instituciones electorales. Sheinbaum señaló que los sueldos de consejeros del INE, más altos que el suyo, y los bonos de regidores que llegan a 500 mil pesos al mes son un lujo insostenible en un país con tantas carencias. “Al pueblo le parece excesivo”, recalcó, como si hablara por todos en la sobremesa.
Con la reforma rechazada, la presidenta no se rinde y ya prepara un “Plan B” para el lunes, con tres ejes clave. Apunta al Senado, que gasta más de la cuenta por legislador, y promete ahorros de 4 mil millones de pesos para obras y servicios en estados y municipios. Según ella, la oposición quedó al descubierto votando contra reducir privilegios, y el tema seguirá en la mesa, ahora en terrenos donde Morena pisa fuerte.
Sheinbaum cerró con una frase de batalla: “La honestidad da resultados”. ¿Convencerá con su nuevo intento o será otro round perdido? Esto está más peleado que un descuento en el Buen Fin.


