
¡Qué escena tan tropical! La presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente brasileño Lula da Silva tuvieron una llamada que fue más ardiente que un carnaval en Río. Conversaron sobre complementariedad económica y oportunidades de colaboración, prometiendo seguir cooperando como si fueran viejos compadres en una barbacoa. Acompañados por el canciller Juan Ramón de la Fuente, el ambiente fue pura diplomacia con sabor a caipirinha.
En la plática, Lula destacó la visita de agosto de su vicepresidente, Geraldo Alckmin, a Ciudad de México, descrita como más productiva que un influencer en TikTok. A través de X, Lula reafirmó su deseo de un nuevo tratado comercial para estrechar lazos económicos, mientras presumía su reciente gira por Asia, finalizada el martes pasado, como un éxito rotundo. También soltó que México quiere colaborar en la producción de etanol para saciar su sed energética y en programas sociales contra el hambre y la pobreza. ¿Quién diría que el etanol podría ser el nuevo tequila de la amistad?
Antes de la COP30 en Belém, del 10 al 21 de noviembre de 2025, Lula confirmó que Alicia Bárcena representará a Sheinbaum. Además, acordaron reunirse pronto, porque esta relación bilateral está más viva que un partido de fútbol en el Maracaná. En agosto, durante reuniones en México, ambos países pactaron actualizar acuerdos económicos y firmaron un memorándum con APEX para impulsar inversiones. Un encuentro empresarial con más de 350 compañías de sectores como agroalimentario y energético selló estrategias para integrar industrias y apoyar a pequeñas empresas, con un guiño a la presencia femenina en el comercio.
Para rematar, Lula y Sheinbaum quieren revivir las reuniones interparlamentarias en 2025. ¿Será este el inicio de una telenovela diplomática? Solo falta el soundtrack de samba y mariachi para que esta alianza sea un hit total.

