¡Michoacán bajo fuego! La disputa por la Sierra-Costa, una zona clave para el tráfico de drogas, precursores químicos y armas, ha desatado un infierno de violencia y desplazamiento forzado. Municipios como Coahuayana son el epicentro de una guerra entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y grupos rivales, dejando a habitantes y policías comunitarios solos defendiendo sus tierras ante la nula garantía de seguridad.
Según testimonios recogidos por Ruido Social, canal de Eva María Beristain, el CJNG usa tácticas terroríficas para controlar territorios. Laura, activista de derechos humanos, explicó que ocupan cerros para vigilar y atacar comunidades con disparos indiscriminados, buscando infundir pánico. Usan armamento pesado, drones con explosivos y “carros monstruo” para desestabilizar. “Atacan casas de manera generalizada y avientan bombas con drones”, relató. En madrugadas, sicarios entran a pueblos disparando al aire, gritando el nombre del cártel, robando teléfonos, alimentos y vehículos para incomunicar y someter.
El resultado es desgarrador: familias huyen al monte o a comunidades vecinas, dejando casas, tierras y medios de vida. Elvira Ontiveros Martínez narró cómo perdió a su hijo, asesinado por negarse a trabajar con el CJNG, y su patrimonio al ser desplazada. Evangelina Contreras Ceja denunció la indiferencia oficial: “Desde 2016 peleo con la Comisión de Víctimas por el reconocimiento del desplazamiento, pero las autoridades se lavan las manos diciendo que es culpa del crimen organizado”.
En zonas como Aquila, Chinicuila y Coalcomán, comunidades sufren ataques constantes, incursiones nocturnas y enfrentamientos. El desarraigo y la incertidumbre son el pan de cada día. Mientras el CJNG y sus rivales pelean por el control, Michoacán parece un tablero donde las piezas son vidas humanas, y el gobierno solo observa desde la banca.


