En El Rosario, Sinaloa, un operativo masivo tiene a todos al borde del asiento. Cuatro mineros están atrapados desde el 25 de marzo tras el colapso de una presa de jales en la mina “Minerales de Sinaloa”. La Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) entró al quite con su Misión ECO, organizando el desmadre desde un puesto de mando y dando apoyo a los familiares que rezan por un final feliz.
La Secretaría de la Defensa Nacional no se quedó atrás y mandó a 38 elementos del Batallón de Atención a Emergencias, expertos en sacar gente de escombros. Llegaron en un avión C-27J Spartan al Aeropuerto de Mazatlán, como si fueran estrellas de una misión imposible, y se unieron a 60 militares que ya vigilaban la zona. En total, 98 efectivos trabajan con autoridades estatales, municipales, Protección Civil y la Fiscalía para sacar a los mineros de este hoyo literal.
En la zona cero, las labores no paran. La empresa minera empezó el rescate, pero el gobierno metió refuerzos con estrategias que parecen más complicadas que resolver un cubo Rubik en la oscuridad. La Secretaría de Marina (Semar) también está por sumarse con más equipo especializado. Mientras, piden a la gente no acercarse a Cacalotán para no estorbar a la maquinaria pesada que ruge como en un set de filmación.
Este esfuerzo de los tres niveles de gobierno busca encontrar a los mineros con vida, aunque las condiciones son más duras que un chiste malo en un funeral. El Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional juran no rendirse. ¿Será un rescate épico o un drama sin final? La esperanza sigue cavando, aunque sea a pico y pala.


