Por primera vez, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) salió de su burbuja en la Ciudad de México y sesionó en Tenejapa, Chiapas, el 26 de febrero. El presidente Hugo Aguilar Ortiz, con aire de rockstar en gira, aseguró que esto no es solo postureo: se trata de llevar la justicia a territorios históricamente ignorados y mostrar que los magistrados son de “carne y hueso”, no robots en toga.
La elección de Tenejapa no fue al azar. Chiapas, con un 70% de su población en pobreza multidimensional y una gran comunidad indígena, es el lugar perfecto para este gesto. La SCJN quiso gritarle al mundo (o al menos a la sierra) que la justicia debe ser incluyente. Durante la sesión, el Pleno reconoció una omisión legislativa del Congreso de Chiapas, que ha dejado a los pueblos indígenas sin pleno reconocimiento como sujetos de derecho público. Ahora, les dieron 180 días para legislar y ponerse las pilas tras la Ley General del artículo segundo constitucional.
Además, el fallo ordenó al Gobierno estatal y al Ayuntamiento de San Cristóbal de Las Casas entregar recursos públicos a la comunidad tsotsil en 90 días, porque la autonomía no es solo un discurso bonito para discursos. Es hora de billetes y acciones concretas. Aguilar Ortiz subrayó que sesionar fuera de la capital es para que la gente vea cómo deliberan, reflexionen y decidan, como si fuera un reality show de togas.
Así que, mientras la SCJN inicia esta “nueva etapa institucional”, parece que la justicia quiere ser más cercana que un vecino chismoso. ¿Será este el comienzo de una gira nacional o solo un episodio piloto? Chiapas ya tuvo su dosis; ahora, ¿quién sigue en la lista?


