¡Esto no es un chiste de comida callejera! Claudia Sheinbaum, presidenta de México, salió a aclarar el escándalo en Puebla donde una niña de 10 años resultó intoxicada, presuntamente por fentanilo en tamales. En su mañanera de este jueves, confesó que ya puso al Gabinete de Seguridad y a la Secretaría de Salud a desmenuzar el caso, porque si esto es cierto, alguien metió un ingrediente más letal que el chile de la salsa.
Sheinbaum explicó que el fentanilo es tan tóxico que con un pellizco puedes pasar de la cena al más allá. Por eso, urgió tres cosas: confirmar si realmente fue esa droga, descubrir cómo diablos llegó a un tamal y, finalmente, que la Fiscalía y sus peritos hagan su magia. Mientras tanto, los datos vienen de Puebla y ella no canta victoria hasta tener pruebas más sólidas que una tortilla recién hecha.
La presidenta también presumió que el consumo de fentanilo en México es bajísimo, según una encuesta del Instituto Nacional de Salud Pública. Con un mísero 0.2% de uso no médico alguna vez y 0.1% en el último año, estamos lejos de los números de EE. UU. o Canadá. En adolescentes, el consumo incluso ha bajado, lo que Sheinbaum atribuye a las campañas antidrogas. ¿Funcionan mejor que un antojito en ayunas?
El embajador de EE. UU., Ronald Johnson, metió su cuchara, diciendo que el caso de siete menores intoxicados en Huauchinango, uno positivo a fentanilo, grita la necesidad de reventar redes criminales. “El fentanilo no discrimina edad ni bandera”, advirtió. Mientras los niños se recuperan, queda la duda: ¿quién le puso “sazón” mortal a los tamales? Esto está más turbio que un caldo de dudosa procedencia.


