¡Agárrense, que Oriente Medio está más caliente que un microondas en máxima potencia! Este martes, cazas de Israel y EE. UU. bombardearon el centro de Teherán, mientras Irán contraataca con furia, golpeando intereses petroleros y estadounidenses en el Golfo. Es el cuarto día de una guerra sin fecha de vencimiento, desatada el sábado, que ya deja más de 780 muertos en Irán, según la Media Luna Roja. Teherán es un pueblo fantasma; una enfermera local, Samireh, confiesa que caminar por sus calles da más miedo que ver un thriller a medianoche.
Los ataques israelíes y gringos apuntaron a edificios clave como la presidencia iraní y oficinas del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, además de instalaciones de misiles balísticos. Irán, no se queda atrás: los Guardianes de la Revolución juran abrir “las puertas del infierno” y revendican ataques a bases en Baréin y centros de datos de Amazon. Catar presume de haber frustrado un asalto a su aeropuerto Hamad, mientras en Líbano, Hezbolá e Israel se tiran misiles como si fuera un duelo de emojis furiosos.
El caos paraliza el estrecho de Ormuz, dispara el precio del crudo y deja miles de viajeros varados. EE. UU. pide a sus ciudadanos abandonar 14 países de la región tras ataques a embajadas en Arabia Saudita y Kuwait. La UE teme un éxodo masivo de los 90 millones de iraníes. ¿Y el diálogo? Más perdido que wifi en el desierto. Netanyahu insiste en frenar un Irán nuclear, mientras China pide parar el fuego y los mercados tiemblan con cada dron. Esto no es una película, pero ya merece un Oscar al drama.


