¡Oriente Medio está más caliente que un horno en agosto! Ayer, 3 de marzo, en el cuarto día de una guerra sin fecha de caducidad, EE. UU. e Israel bombardearon el corazón de Teherán, dejando la ciudad como un decorado de película apocalíptica. Irán, no se quedó atrás y amenazó con atacar “todos los centros económicos” de la región.
Los bombardeos conjuntos, iniciados el sábado, han cobrado más de 780 vidas en suelo iraní, según la Media Luna Roja. Teherán es una urbe fantasma; Samireh, una enfermera de 33 años, confiesa que caminar por calles desiertas da pavor. Israel y EE. UU. apuntaron a edificios clave, como el que elige al sucesor del fallecido ayatolá Alí Jamenei, además de la presidencia, oficinas del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y fábricas de misiles. Incluso golpearon infraestructuras subterráneas clandestinas. El general Ebrahim Jabari, de los Guardianes de la Revolución, advirtió que, si siguen los ataques, el petróleo podría dispararse de 85 a 200 dólares por barril.
Irán contraatacó con drones y misiles contra Israel, mientras sus ataques alcanzaron la embajada yankee en Arabia Saudita, centros de datos de Amazon en Baréin y Emiratos, y obligaron a cerrar legaciones en Kuwait. Catar frustró un golpe a su aeropuerto Hamad. Donald Trump, cerrando la puerta al diálogo, soltó un “¡Demasiado tarde!” y afirmó que “prácticamente todo” en Irán está destruido. Mientras, Europa titubea: Francia, con Macron al frente, enviará el portaviones Charles de Gaulle, aunque Irán les advirtió que intervenir sería “un acto de guerra”.
Con el estrecho de Ormuz paralizado y viajeros varados, esta guerra huele a más caos que una Black Friday sin descuentos. ¿Hasta dónde llegará este incendio?


