Un avión Hércules C-130 de las Fuerzas Armadas de Colombia se vino abajo en el sur del país, dejando un saldo trágico de 69 militares fallecidos y 57 heridos. El accidente, el peor en la historia reciente de la aviación militar colombiana, ocurrió el lunes cerca de Puerto Leguízamo, en Putumayo, frontera con Perú, tras despegar de un aeropuerto en la selva amazónica.
Con 126 personas a bordo, la aeronave transportaba tropas y carga entre Puerto Leguízamo y Puerto Asís cuando se precipitó al suelo, convirtiendo una misión rutinaria en un desastre de proporciones épicas. Los heridos fueron evacuados a hospitales de la zona, mientras los restos de las víctimas fatales viajaron a Bogotá, al Instituto de Ciencias Forenses, para su identificación y entrega a las familias, un proceso más triste que un final de telenovela.
Las Fuerzas Militares, junto con la Fuerza Aérea de Estados Unidos y Lockheed Martin, la empresa gringa que fabrica estos gigantes voladores, ya están investigando qué demonios pasó. ¿Fallo mecánico, error humano o simplemente una maldición selvática? Por ahora, no hay respuestas, solo preguntas que pesan más que el propio Hércules.
Este siniestro no solo deja un hueco en las Fuerzas Armadas, sino también en un país que ya tiene suficientes dramas sin necesidad de que el cielo se caiga. Mientras los expertos buscan pistas entre los escombros, queda el eco de una tragedia que nadie olvidará pronto. ¿Qué falló? Esperemos que las respuestas lleguen antes que otro titular desgarrador.


