¡Dolor y clamor por justicia! Karla Miranda Rangel Flores, una joven de 20 años, hija de migrantes mexicanos y ciudadana estadounidense, fue brutalmente asesinada por su esposo Francisco, apenas un mes después de casarse el 26 de febrero de 2026, en Benton County, EE. UU. Su madre, Acela Romo, narró en un video desgarrador los detalles del crimen y pidió apoyo para su familia, enfrentando un desgaste emocional, físico y económico.
Acela explicó que migraron de México por inseguridad relacionada con extorsión. Karla, quien soñaba con ser aeromoza en Delta, conoció a Francisco hace dos años. Vivieron juntos con la familia de Acela y trabajaron en el negocio familiar sin mostrar señales de alerta, aunque Francisco admitió episodios previos de ira que Karla “había salvado”. Tras el matrimonio, su actitud cambió: se volvió grosero, dejó de contribuir económicamente y se mudaron tras una pelea, generando preocupación. Karla, llorando, informó a su madre, quien les permitió usar una camioneta familiar.
La incertidumbre creció cuando Karla manejaba pagos del negocio familiar, pero su cuenta solo tenía 200 dólares. Acela revisó una ubicación compartida por chat, un lugar tranquilo, lo que la calmó momentáneamente. Sin embargo, el miércoles 25 de marzo, policías le notificaron que Karla “ya no estaba con nosotros”. Según reportes, vecinos alertaron de gritos de auxilio; al llegar, oficiales vieron a Francisco bajando con el arma homicida, alegando que “lo obligaron”. Karla fue golpeada hasta quedar inconsciente, violada y degollada.
Acela reveló sospechas de un embarazo por una cita ginecológica encontrada, aún sin confirmar. Descubrió que la familia de Francisco les consiguió el departamento, diferente a la ubicación compartida, y hallaron notas “extrañas” y una veladora. Desconfía de la familia de Francisco, con supuestos vínculos de poder en México, y confía en las autoridades de Texas, exigiendo justicia y apoyo vía GoFundMe para gastos legales y recibir el cuerpo de Karla. ¿Habrá justicia o interferencias? El dolor de Acela resuena como un grito desesperado.


