En un giro más oscuro que un partido nocturno sin reflectores, un ataque armado en una cancha de futbol en Salamanca, Guanajuato, dejó 11 víctimas mortales el 25 de enero. En la colonia Loma de Flores, lo que debía ser un domingo de goles terminó en un marcador de terror que ni el VAR podría revisar.
Entre las víctimas identificadas está Alejandro Charly Moreno, baterista de Recuentro Norteño, quien cambió los tambores por un silencio eterno. Redes sociales se llenaron de despedidas, con Alan Duarte de Escencia Norteña lamentando la pérdida en un video que más bien parece un réquiem. También cayó Alejandro Prieto, exagente de tránsito que visitaba a su familia desde EE. UU., y Brayan Gutiérrez, otro joven que solo quería patear un balón. Rumores dicen que seis agentes de seguridad privada también figuran en la lista, como si fueran los defensas menos efectivos de la historia. El Cártel de Santa Rosa de Lima podría estar detrás, aunque no hay detenidos, solo especulaciones más locas que un penalti en el minuto 93.
Las autoridades, desde la presidenta Claudia Sheinbaum hasta el secretario Sergio González, condenaron el hecho y prometieron justicia. La Fiscalía de Guanajuato lleva el caso, mientras la Conferencia del Episcopado Mexicano reza por algo más que un milagro. El alcalde César Prieto pidió ayuda desesperado, como quien grita por un refuerzo en el descuento.
Esto no es un juego, pero el silbido final dejó a Salamanca pidiendo tiempo extra para recuperar la paz. ¿Será que alguien por fin meta gol contra la violencia, o seguiremos en penales eternos?


