
¡A perforar se ha dicho! Este viernes, el Gobierno de Donald Trump anunció una subasta para extraer petróleo y gas el próximo 10 de diciembre en el golfo de México, al que él llama “golfo de Estados Unidos”. Serán 80 millones de acres listos para el negocio, la primera de 30 ventas en la región hasta 2040, autorizadas por la ley fiscal que Trump firmó en julio. ¡Eso es apostar todo al crudo!
No contento con el Golfo, también propusieron otra subasta en Cook Inlet, al sur de Alaska, con 1 millón de acres en juego. Programada para el 4 de marzo, será la primera de al menos seis operaciones anuales requeridas por ley entre 2026-2028 y 2030-2032. La Oficina de Gestión de Energía Oceánica, bajo el Departamento de Interior, está detrás de este plan que parece gritar “¡más combustible fósil, menos reglas!”.
Estas ventas encajan como anillo al dedo con la política de Trump de maximizar la producción de petróleo, gas y carbón. Mientras tanto, las regulaciones sobre combustibles fósiles y los subsidios a la energía verde están recibiendo tijeretazos más rápidos que un barbero en apuros. Es como si Trump dijera: “¿Energía limpia? Mejor llenemos el tanque con lo de siempre”.
Así que, mientras el Golfo y Alaska se preparan para convertirse en el nuevo patio de juegos de las petroleras, el debate sobre el medio ambiente queda en segundo plano. ¿Será esta fiebre del oro negro un impulso económico o un desastre ecológico en cámara lenta? Solo el tiempo, y tal vez unas cuantas plataformas más, nos lo dirán.

