¡Trump suelta la lengua otra vez! Durante un desayuno con líderes religiosos en Washington, el presidente de EE. UU. llamó “astutos” a los mandatarios latinoamericanos por, según él, enviar a su “gente mala” a tierras gringas mientras cuidan a los buenos. ¿Estrategia maquiavélica o guion de comedia? El público no sabía si aplaudir o pedir palomitas.
En el evento estaba Nayib Bukele, presidente de El Salvador, a quien Trump calificó de “gran tipo” por aceptar criminales peligrosos en cárceles de alta seguridad. Con una sonrisa pícara, Trump le soltó: “¿No es cierto que no mandas tu buena gente a Estados Unidos?”, desatando risas de Bukele y la audiencia. “Voy a hablar con él después…”, remató, como si planeara un chisme de pasillo. Luego, con tono de admiración, insistió: “Le quiero. Ha hecho un gran trabajo”. Para Trump, liderar en América Latina requiere ser “espabilado”, una habilidad que, según él, usan para exportar problemas y quedarse con los angelitos.
El presidente también aprovechó para presumir de su primer año de mandato, celebrando la venta de biblias y el regreso de jóvenes a la iglesia, como si fuera el nuevo mesías del marketing religioso. Mientras, con las elecciones legislativas de noviembre acechando, el Partido Republicano teme perder apoyo entre hispanos y comunidades negras. Trump, sin inmutarse, alardea de que su campaña de deportaciones y salidas voluntarias ha sacado a 2.5 millones de migrantes.
¿Astucia o cliché de villano de telenovela? Esto suena más raro que un discurso motivacional en un reality de expulsiones.


