Donald Trump lanzó una advertencia de esas que parecen sacadas de una película de acción este domingo, prometiendo a Irán un “golpe muy duro” desde EE. UU. si siguen muriendo manifestantes en las protestas que sacuden el país. Desde el Air Force One, el presidente aseguró que están “observando de cerca” tras un historial de represión letal. Las calles iraníes arden por una crisis de costo de vida que desató una huelga de comerciantes en Teherán el 28 de diciembre, dejando al menos 12 muertos, incluidos miembros de seguridad.
Las protestas, las más grandes desde el movimiento de 2022-2023 por la muerte de Mahsa Amini, detenida por violar el código de vestimenta, reflejan un descontento masivo. Con una inflación del 52% y la moneda desplomada más de un tercio frente al dólar, el poder adquisitivo de los iraníes se ha ido al suelo. En un país de 85 millones, donde el salario mínimo es de 100 dólares y el promedio de 200, la economía sufre bajo sanciones por el programa nuclear de Teherán. Manifestaciones, grandes y pequeñas, se han registrado en al menos 40 ciudades, especialmente en el oeste.
Para calmar las aguas, el gobierno iraní anunció el domingo un incentivo mensual de un millón de tomanes (unos 7 dólares) por persona durante cuatro meses, como crédito para comprar productos básicos. La portavoz Fatemeh Mohajerani lo vendió como un alivio a la “presión económica”, mientras los ciudadanos, que usan más tarjetas que efectivo, apenas sobreviven.
Esto parece más un capítulo de distopía que una solución. Trump al acecho, Irán en ebullición y un “incentivo” que no compra ni un café decente. ¿Alguien tiene un plan B para esta tormenta?


