¡Agárrense los sombreros! Donald Trump, el magnate de los titulares, soltó la bomba este viernes desde la Casa Blanca: planea visitar Venezuela. ¿Fecha? Ni idea, dijo con esa cara de quien olvida dónde dejó las llaves. Esto, claro, después de una operación militar el 3 de enero que parece sacada de una película de acción de los 80.
Recordemos que esa operación terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, un golpe más épico que la caída de Manuel Noriega en Panamá en 1989. Trump, con su estilo de reality show, se dirigió luego a una base militar en Carolina del Norte para felicitar a los soldados que atraparon a Maduro, quien ahora espera juicio en Nueva York por narcotráfico. ¿Y qué hay de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada? Trump, con una sonrisa de vendedor de autos usados, aseguró que ya la reconocen como líder legítima y que está haciendo “un gran trabajo”. Según él, las relaciones con Venezuela están tan dulces como un pastel de cumpleaños.
Pero no todo es amor y paz. En semanas, Trump logró que Venezuela entregara el control de su petróleo a EE. UU., un movimiento más astuto que un zorro en un gallinero. ¿Será que la visita es para firmar contratos o simplemente para tomarse selfies con barriles de crudo?
Mientras tanto, el mundo observa esta telenovela geopolítica con palomitas en mano. ¿Visita de cortesía o jugada maestra? Algo nos dice que Trump no va solo por el café venezolano.


