Donald Trump ha echado más leña al incendio de Oriente Medio, animando a las fuerzas kurdas iraníes en Irak a atacar Irán, como si fuera el coach de un equipo de rugby. Mientras, Israel lanzó este viernes una ola de bombardeos «a gran escala» contra Teherán, y las ciudades del golfo Pérsico volvieron a ser el blanco de misiles iraníes. Esto está más caliente que un grill en verano.
Irán contraatacó con drones nocturnos contra la base estadounidense de al-Udied en Qatar, la más grande de la región, sin víctimas, según funcionarios qataríes. La Guardia Revolucionaria Islámica presumió de ataques a bases en Israel, Kuwait y Erbil, Irak, prometiendo nuevas «iniciativas y armas» contra la agresión de EE. UU. e Israel. La guerra, que lleva siete días, ya salpicó a Israel, el golfo, Chipre, Turquía y Azerbaiyán, donde incluso un submarino estadounidense hundió un buque iraní en el océano Índico. Azerbaiyán, furioso por misiles iraníes, amenaza represalias, aunque Teherán lo niega todo.
Trump, en una entrevista con Reuters, no solo apoyó a los kurdos, sino que dijo que EE. UU. debería decidir quién lidera Irán tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei la semana pasada. Pero el secretario de Defensa, Pete Hegseth, aclaró que no hay cambio de objetivos: solo quieren frenar misiles y armas nucleares iraníes. Mientras, un ataque a una escuela de niñas en Irán, con decenas de fallecidas, está bajo investigación, y EE. UU. podría ser responsable, según fuentes.
Con 1,230 muertos en Irán y 77 en Líbano, según la Media Luna Roja y el Ministerio de Salud libanés, el conflicto es un desastre. ¿Logrará Trump su remake geopolítico o solo avivará más caos? Esto está más enredado que un auricular en el bolsillo.


