Donald Trump marcó el primer aniversario de su regreso a la Casa Blanca con un discurso maratónico y caótico, donde se quejó más que un niño sin postre. Blandiendo una carpeta con “365 logros” desde su juramento el 20 de enero del año pasado, el presidente de 79 años afirmó que “Dios está muy orgulloso” de su trabajo, aunque solo el 42% de los estadounidenses lo aprueba, frente a un 55% que lo rechaza.
Durante más de una hora, Trump despotricó contra la falta de reconocimiento, culpando a “malos asesores de relaciones públicas” y a las “noticias falsas”. Entre insultos a oponentes y teorías conspirativas como que ganó las elecciones de 2020 frente a Joe Biden, su monólogo pasó de victorioso a resentido, recordando su campaña de 2024 contra Kamala Harris. Repitió falsedades desmentidas, como una baja del 600% en precios de medicamentos y 18 billones en inversiones extranjeras atraídas. También elogió a los agentes de ICE y celebró la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, quien espera juicio en Nueva York, mostrando interés en trabajar con María Corina Machado para el futuro de Venezuela.
Luego, Trump partió a Davos para reunirse con líderes mundiales, prometiendo defender su obsesión por Groenlandia en su discurso del miércoles. “La necesitamos por seguridad nacional. Las cosas saldrán muy bien”, aseguró, aunque al preguntarle hasta dónde llegaría, soltó un críptico “se darán cuenta”. ¿Bluff o plan maestro?
Esto parece más un show de stand-up amargado que una conmemoración presidencial. Con Groenlandia en la mira y un tono de campaña eterna, Trump sigue siendo el rey del drama. ¿Qué sorpresa nos espera en Davos? Esto está más impredecible que un reality de medianoche.


