¡Agárrense, que esto se puso intenso! Donald Trump firmó un decreto declarando al fentanilo un «arma de destrucción masiva», comparándolo con una bomba invisible que mata entre 200 mil y 300 mil personas al año en EE. UU. ¿Solución? Poner a la frontera con México bajo un microscopio de seguridad.
El documento de Trump no solo etiqueta al fentanilo como una amenaza química, sino que vincula su tráfico con cárteles y posibles ataques terroristas a gran escala. Ordena a agencias federales usar herramientas legales y operativas, antes reservadas para terroristas con turbante, para rastrear redes de contrabando y actualizar protocolos como si el fentanilo fuera un villano de película de acción. Además, señala que financia organizaciones criminales transnacionales, pintando un panorama más oscuro que una noche sin Netflix.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió con la calma de quien sabe que el drama no siempre es realidad. Aunque reconoce que estas declaraciones dan «elementos» a EE. UU. para intervenir, lo ve como un escenario más lejano que un fin de semana sin tráfico en la CDMX. Destacó que la Constitución mexicana, con reformas en los artículos 40 y 19, protege la soberanía, y apostó por el diálogo con EE. UU., gracias a la buena vibra con Marco Rubio y Juan Ramón de la Fuente.
Sheinbaum insiste en que, aunque no siempre estén de acuerdo con el Tío Sam, la comunicación es la clave. ¿Será esto un preludio de tensiones fronterizas o solo Trump haciendo ruido? Mientras, los cárteles deben estar riéndose, pensando si ahora les toca usar máscaras de gas.


