¡Prepárense para el drama! Donald Trump volvió a arremeter contra sus socios de la OTAN, acusándolos de ser unos holgazanes en la guerra con Irán, mientras resucita su obsesión por Groenlandia como si fuera un trofeo de Monopoly. En una rueda de prensa, soltó: «Queremos Groenlandia. Ellos no quieren dárnosla. Y yo dije: adiós». Sí, como un niño que no consigue su juguete.
Trump, quien alguna vez amenazó con anexar ese gélido territorio danés, retrocedió tras las quejas europeas, pero no sin antes llamar a la OTAN un «tigre de papel». Según él, Vladimir Putin no les teme a ellos, sino a Estados Unidos, porque se lo ha dicho «a menudo». Claro, porque Putin y Trump son como mejores amigos de WhatsApp. También se quejó de que los aliados no ayudan, ni siquiera con pistas de aterrizaje. ¿Qué sigue, pedirles un Uber?
El jefe de la OTAN, Mark Rutte, aterriza en Washington este miércoles para reunirse con Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth. Trump lo llamó «formidable» y «genial», aunque no deja de criticar a los europeos, tildándolos de «cobardes». Rutte camina en la cuerda floja, tratando de no enfadar al jefe de la Casa Blanca mientras defiende a los aliados.
Y no se quedó ahí. Trump también lanzó dardos a Corea del Sur, Japón y Australia por no meterse en el conflicto de Oriente Medio. Sobre Corea del Sur, presumió de tener 45,000 soldados protegiéndolos de Kim Jong Un, con quien, dice, se lleva de maravilla. ¿Amigos por correspondencia? Esto parece más un culebrón geopolítico que una estrategia internacional. ¿Logrará Rutte calmar las aguas o será otro episodio de reality show trumpiano?


