Donald Trump ha decidido jugar a los barquitos, pero con un giro letal. Este martes, el presidente estadounidense anunció en su querida Truth Social que destruyó 10 buques minadores iraníes inactivos, junto con otros navíos, en el estrecho de Ormuz. Amenazó a Teherán con un castigo militar “nunca antes visto” si no retiran cualquier mina submarina que hayan colocado. ¡Eso es diplomacia con esteroides!
El magnate no se quedó en palabras. Prometió usar los mismos misiles que han hecho desaparecer embarcaciones narco en aguas latinoamericanas para borrar del mapa cualquier barco iraní que se atreva a sembrar explosivos. “Serán tratados de forma expedita y violenta. ¡CUIDADO!”, rugió en su publicación, como si estuviera audicionando para un remake de Rambo. Pero también lanzó una zanahoria: si Irán limpia su desorden, será “un paso gigantesco en la dirección correcta”. ¿Un Nobel de la Paz en el horizonte o solo un buen día de relaciones públicas?
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz, por donde pasa casi el 20% del petróleo mundial, está más parado que un lunes por la mañana. CNN reportó que Irán comenzó a colocar minas, convirtiendo la zona en un tablero de Buscaminas tamaño real. La Casa Blanca, por su parte, desmintió haber escoltado petroleros, tras un tuit fallido del secretario de Energía que desapareció más rápido que un meme vergonzoso.
En resumen, Trump está jugando con fuego, o más bien con explosivos submarinos. ¿Será esto el inicio de una telenovela geopolítica o solo otro episodio de reality show presidencial? Ormuz tiembla, y no precisamente de emoción.


