¡Agárrense los sombreros, que la diplomacia se puso más intensa que un reality show! Steve Witkoff, emisario de EE. UU., y Jared Kushner, el yerno favorito de Donald Trump, aterrizaron en Moscú el jueves por la noche para charlar con Vladimir Putin sobre un plan para frenar la guerra en Ucrania. Sí, parece que Trump quiere resolver este lío europeo con un toque de nepotismo.
Mientras tanto, horas antes en el Foro Económico Mundial de Davos, Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, se reunió con Trump y aseguró que el documento de paz está “casi listo”. ¿Casi? Eso suena tan confiable como un pronóstico del tiempo en abril. La comitiva de Witkoff y Kushner ya pisó el Kremlin, según la prensa estatal rusa Vesti, y todo indica que intentan apagar un incendio que arde desde febrero de 2022, cuando Rusia lanzó su operación sobre Ucrania, el conflicto más letal en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Trump, en su año de regreso a la Casa Blanca, está desesperado por colgarse la medalla de pacificador, pero hay un problemita: Rusia controla el 20% de Ucrania y exige todo el Donbás oriental. Zelenski, por su parte, admite que el tema territorial sigue más enredado que un cable de audífonos, aunque ya hay un acuerdo sobre garantías de seguridad de EE. UU. para la posguerra.
¿Lograrán Kushner y compañía un milagro diplomático o solo añadirán más leña al fuego? Esto está más tenso que una cena familiar con política de por medio. Si Putin les ofrece vodka en vez de respuestas, sabremos que la paz sigue siendo un sueño lejano.


