Donald Trump, con su habitual sutileza de elefante en cristalería, advirtió a Irán sobre “las consecuencias de no alcanzar un acuerdo” justo antes de las negociaciones en Ginebra. Desde el Air Force One, rumbo a Washington, soltó que participará “indirectamente” en las charlas, como un director que no aparece en pantalla pero manda el guion.
“Ellos quieren un acuerdo. No creo que quieran las consecuencias de no lograrlo”, dijo Trump, con un tono más ominoso que un tráiler de película de desastres. Las conversaciones, mediadas por Omán, llegan tras amenazas de acción militar por parte de EE. UU., primero por la represión iraní a protestas antigubernamentales y ahora por su programa nuclear. Washington y varios países europeos sospechan que Teherán busca fabricar una bomba atómica, algo que Irán niega con la mano en el corazón. Además, EE. UU. presiona para incluir temas como los misiles balísticos y el apoyo a grupos armados en Oriente Medio.
El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní intentó bajar la temperatura, diciendo que la postura yankee parece “más realista”. Pero la historia no pinta fácil: un intento previo de diálogo se fue al traste en junio cuando Israel lanzó ataques sorpresa contra Irán, desatando una guerra de 12 días donde EE. UU. se sumó bombardeando instalaciones nucleares iraníes.
Ahora, Ginebra es el ring donde se juega este combate diplomático. ¿Será un apretón de manos o un uppercut nuclear? Todo apunta a un drama más tenso que un partido en penales. Solo falta que Trump twittee desde la sombra para subirle el rating a esta novela internacional.


