¡Navidad con pólvora! Donald Trump marcó el 25 de diciembre anunciando ataques contra yihadistas en Nigeria, mientras en Truth Social deseaba una “Feliz Navidad” a todos, incluyendo a la “escoria de la izquierda radical” y a “terroristas muertos”. Nada de villancicos suaves: su mensaje del jueves prometió más bajas si continúan las masacres de cristianos, confirmando un giro hacia un nacionalismo cristiano agresivo.
En contraste, la Casa Blanca emitió un comunicado más tradicional, firmado por Trump y Melania desde Mar-a-Lago, cargado de citas bíblicas y menciones a Dios (siete veces, para ser exactos). Sin embargo, la agenda del presidente no incluyó servicios religiosos el 24 ni el 25. Trump, de 79 años, siempre ha presumido de rescatar la frase “Feliz Navidad”, criticando falsamente a Obama por preferir “Felices fiestas”. Este año, la religiosidad del gobierno ha sido más evidente que un árbol navideño: el Departamento de Seguridad Nacional celebró el “milagro de Cristo” en X, Marco Rubio habló de “vida eterna”, y el Pentágono acogió un servicio navideño por primera vez.
La Primera Enmienda garantiza la separación entre Iglesia y Estado, pero el vicepresidente JD Vance impulsa una doctrina cristiana en política, desde diplomacia hasta inmigración. “Siempre seremos una nación cristiana”, afirmó en un mitin de Turning Point USA, ganándose una ovación. Trump, sin práctica religiosa conocida, mezcla un mesianismo personal con dudas sobre su salvación. Tras sobrevivir a un atentado, dijo que Dios lo eligió para liderar EE. UU., aunque bromea pesimistamente sobre no llegar al Cielo.
Entre misiles y plegarias, Trump redefine la Navidad con un toque bélico. ¿Paz en la Tierra o guerra santa? Este guion sigue abierto.


