
¡Thanksgiving con sabor a pólvora! Donald Trump, en una videollamada con tropas estadounidenses por Acción de Gracias, soltó que la cacería de narcotraficantes venezolanos “por tierra” arrancará “muy pronto”. Desde su trono en Mar-a-Lago, afirmó que ya tienen el 85% del tráfico marítimo bajo control, y que por tierra será más fácil que pedir un delivery.
Washington señala a Nicolás Maduro como el cerebro del supuesto Cartel de los Soles, recién etiquetado como grupo terrorista. Caracas, con una carcajada, lo llamó “ridícula patraña”. Desde septiembre, EE. UU. ha atacado más de 20 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, dejando 83 muertos. Y para rematar, enviaron al Gerald Ford, el portaviones más grande del mundo, con buques y aviones caza al Caribe, supuestamente por operaciones antidrogas. Maduro, sin embargo, grita que es un plan para tumbarlo y quedarse con el petróleo venezolano.
El detalle curioso: Washington no muestra pruebas de que los atacados sean narcos. Venezuela los llama “ejecuciones extrajudiciales”, y la tensión sube más que el colesterol tras el pavo. Trump, además, autorizó operaciones clandestinas de la CIA y coquetea con hablar “en algún momento” con Maduro. ¿Una llamada para negociar o para pedirle un barril de crudo como souvenir?
Esto parece un guion de Hollywood con esteroides. Mientras Trump juega al vaquero desde Florida, el mundo se pregunta si esta cacería terrestre será un éxito épico o un fiasco viral. Por ahora, Maduro debe estar revisando su GPS, esperando no ser el próximo blanco en este videojuego geopolítico.

