Donald Trump desveló este jueves su “Gran Plan de Salud”, un proyecto que promete revolucionar el sistema sanitario estadounidense cambiando subsidios por pagos directos a cuentas de ahorro sanitario. La Casa Blanca jura que esto bajará precios de medicamentos y primas, haciendo todo más transparente y poniendo a las aseguradoras contra la pared. ¿Suena bien? Bueno, algunos expertos dicen que los más pobres podrían terminar con planes de seguro más endebles que un paraguas de papel.
Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, vendió el plan como la solución a los deseos del pueblo, un marco para que el Congreso cree legislación mágica. Sin detalles de cuándo se implementará, y con un Congreso más dividido que una pizza en una fiesta, no esperen milagros pronto. El plan codifica acuerdos de precios de medicamentos al estilo “nación más favorecida” de Trump y busca que más fármacos se vendan sin receta. Ya hay pactos con 14 fabricantes para bajar costos en Medicaid y para quienes pagan en efectivo.
El “Gran Plan” incluye un programa para cortar primas de Obamacare en más de un 10%, pero críticos advierten que las cuentas de ahorro podrían empujar a los de menos ingresos a planes cortos o con deducibles altísimos. Mientras, los costos de primas suben a 1,904 dólares este año desde 888 en 2025, según KFF, un salto que hace que los ahorros prometidos parezcan una propina. Trump, que podría vetar cualquier extensión de subsidios, quiere que el dinero vaya directo a consumidores, no a aseguradoras.
¿Es esto un salvavidas o un anzuelo? Con la inscripción de Obamacare cerrando y millones enfrentando costos crecientes, el “Gran Plan” suena más a reality show que a receta médica. Habrá que ver si el Congreso lo aprueba o lo manda al botiquín de los sueños rotos.


