Mientras la guerra con Irán entra en su segunda semana, Donald Trump insiste en que el conflicto “terminará pronto”, aunque el ejército israelí no parece haber recibido el memo. En las primeras horas del martes, una fuerte explosión remeció Teherán, con aviones sobrevolando y detonaciones en el este de la capital. Israel lanzó una “amplia oleada de ataques” contra infraestructura en Teherán, Isfahán y el sur del país, incluyendo el cuartel general de la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria Islámica, base de misiles y drones.
Trump, desde su club de golf en Doral, trató de calmar los ánimos sobre el petróleo. “Los precios no han subido tanto como temía”, dijo, anunciando que levantará sanciones a algunos países hasta que se desbloquee el estrecho de Ormuz. Estados Unidos ya emitió una exención de 30 días para que India compre petróleo ruso varado, buscando aliviar la presión en el mercado global. ¿Estrategia o improvisación? Eso lo decide el viento.
Pero el caos no se detiene. Baréin reportó un ataque iraní en una zona residencial de Manama, dejando un muerto y varios heridos. Emiratos Árabes Unidos denunció un dron contra su consulado en el Kurdistán iraquí, llamándolo “escalada peligrosa”, aunque sin víctimas. En Líbano, bombardeos israelíes llenaron de humo los suburbios de Beirut y colinas del sur, zonas de Hezbolá. Mientras, los Guardianes de la Revolución iraní juran que ellos decidirán “el fin de la guerra”.
Esto parece menos un conflicto y más un circo de tres pistas con fuegos artificiales letales. Trump puede predecir finales rápidos, pero con explosiones y drones volando, Oriente Medio está más lejos de la paz que un gato de un baño forzado.


