Donald Trump, con su característico tono de película de acción, prometió el domingo “vengar” las primeras bajas estadounidenses en el conflicto con Irán, mientras EE. UU. sigue bombardeando cientos de objetivos en Teherán. Israel, por su parte, amplió el lunes sus ataques a Líbano, apuntando a Hezbolá tras disparos de cohetes. Explosiones sacuden Beirut, y el ejército israelí presume de “ataques a gran escala” contra la capital iraní, mientras moviliza 100,000 reservistas, según Benjamin Netanyahu.
Tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei, confirmada el domingo, Irán lanzó represalias contra países del Golfo con bases yanquis y contra Israel, causando explosiones en Dubái, Doha, Manama y Riad. Nueve murieron en Bet Shemesh, Israel, por un misil iraní que derrumbó un edificio; 11 siguen desaparecidos. Trump estima cuatro semanas más de operaciones y urgió a los Guardianes de la Revolución a deponer armas o enfrentar “muerte segura”. El Pentágono dice haber destruido su cuartel general.
El estrecho de Ormuz, vital para el 20% del crudo mundial, está “cerrado de facto” por Irán, con tres barcos atacados. Los precios del petróleo se dispararon un 13% en Asia, aunque OPEP+ aumentó producción en 206,000 barriles diarios para abril. Reino Unido, Francia y Alemania apoyan medidas defensivas, mientras un ataque con drones a una base británica en Chipre fue frustrado. La OTAN ajusta fuerzas en Europa por posibles misiles.
El caos aéreo es brutal, con miles de vuelos cancelados, y navieras como Maersk y MSC suspenden operaciones en el Golfo. Irán, bajo un triunvirato provisional, promete venganza. Esto no es una guerra, es un dominó letal que amenaza con derribar toda la región.


