Donald Trump ha decidido que Groenlandia es su nuevo juguete favorito, y no está jugando limpio. El presidente estadounidense amenazó con aranceles del 10% a ocho países europeos, incluyendo Reino Unido, Dinamarca y Alemania, desde el 1 de febrero, si Dinamarca no le entrega este helado territorio ártico. ¿Motivo? Es un “activo estratégico”, según su secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien soltó la bomba en el Foro Económico Mundial de Davos.
Bessent, con cara de póker, advirtió a la Unión Europea que no se atrevan a responder con aranceles de retorsión, llamándolo “muy insensato”. Mientras, Europa está que arde, acusando a Trump de “chantaje” puro y duro. El vicecanciller alemán, Lars Klingbeil, ya dijo que están cocinando una contraofensiva, probablemente con más burocracia que un formulario de impuestos. Y no olvidemos el rumor más loco: ¿Trump hace esto porque Noruega no le dio el Premio Nobel de la Paz? Bessent se lavó las manos, diciendo que no sabe nada de cartas ni dramas nobelescos, y calificó la idea de “tontería total”.
Trump parece obsesionado con Groenlandia como un niño con un helado en verano, pero este capricho podría costarle caro a las relaciones transatlánticas. Países como Finlandia, Suecia y Países Bajos también están en la lista de “paguen o sufran”. ¿Es esto diplomacia o un episodio de reality show? Mientras tanto, Dinamarca debe estar preguntándose si vale la pena ceder un trozo de hielo por un poco de paz comercial.
En serio, ¿qué sigue? ¿Trump exigiendo la Luna por un Oscar honorífico? Este circo ártico promete más giros que una telenovela barata, y Europa podría terminar pagando la entrada más cara.


