En un episodio digno de reality show, Donald Trump aprovechó el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, para lanzar una pulla a Mark Carney, primer ministro canadiense. Entre sus delirios de grandeza sobre comprar Groenlandia y sus planes para Venezuela, Trump no pudo resistirse a recordarle a Canadá quién manda.
«¡Deberían besarnos los pies, Canadá! Viven gracias a nosotros. Acuérdate, Mark, antes de abrir la bocota», soltó Trump con la sutileza de un elefante en una cristalería. Todo esto tras el discurso de Carney el martes, donde el canadiense habló de una «ruptura» del orden internacional, ganándose aplausos como si fuera el nuevo mesías de la diplomacia. Sin mencionar a Trump directamente, Carney criticó a las «grandes potencias» por usar la economía como un garrote y los aranceles como un juguete de chantaje.
Trump, que no se queda callado ni bajo el agua, también ha jugado al cartógrafo de fantasía, compartiendo una imagen de IA con Canadá y Groenlandia como estados gringos. ¿Su próximo plan? ¿Anexar el Polo Norte para tener renos gratis? Mientras, Carney habló de forjar alianzas con países afines, navegando la relación con Washington como quien esquiva minas en un campo. «El viejo orden no vuelve, y la nostalgia no paga cuentas», dijo, con la resignación de quien sabe que pelear con Trump es como discutir con un meme viviente.
La oficina de Carney guardó silencio, probablemente porque están ocupados buscando un mapa donde Canadá no sea un suburbio yankee. Y nosotros, solo esperamos el próximo tuit de Trump: ¿Canadá, nuevo casino de lujo? Esto está más loco que un reality de geopolítica.


