Donald Trump, siempre con su diplomacia de martillo pilón, le dio un tirón de orejas este lunes al primer ministro británico, Keir Starmer, por demorarse en autorizar el uso de la base militar de Diego García contra Irán. En una entrevista con The Daily Telegraph, Trump no se guardó nada: “Tomó demasiado tiempo. Mucho, demasiado tiempo”, soltó, como si Starmer hubiera llegado tarde a una cita en McDonald’s.
La noche del domingo, el líder laborista finalmente cedió y permitió que Estados Unidos utilizara bases británicas, incluyendo el estratégico complejo militar de Diego García en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico, para atacar sitios de misiles iraníes. Esta decisión llegó tras una petición directa de las autoridades yanquis, que al parecer estaban tamborileando los dedos esperando la luz verde. Pero para Trump, la espera fue tan larga que casi pide un reembolso.
El contexto de Chagos añade más salsa al asunto. Tras años de tira y afloja, Londres acordó recientemente devolver el archipiélago a Mauricio, su antigua colonia, pero con la condición de mantener la base militar intacta como si fuera un juguete preciado en el patio trasero del océano Índico. Starmer, pillado entre la presión de Trump y la política colonial, tuvo que ceder, aunque a ritmo de tortuga según el mandamás estadounidense.
Al final, esto parece más un drama de reality show que una alianza militar. Trump, impaciente como un niño esperando su helado, deja claro que no tolera retrasos. ¿Será esto un simple roce o el inicio de una bronca transatlántica más jugosa que un culebrón?


