¡Sorpresa, sorpresa! A Donald Trump le importa un pepino que llenar el tanque ahora cueste más que un cóctel en un bar de lujo. En una entrevista exclusiva con Reuters, el presidente aseguró que el subidón de precios en la gasolina, cortesía del conflicto con Irán, no le quita el sueño. “Bajarán rápido cuando esto pase, y si suben, pues suben”, dijo, como si estuviera hablando de la temperatura y no de nuestro presupuesto.
Trump tiene un plan militar contra Teherán que, según él, durará de cuatro a cinco semanas. Claro, los expertos lo miran con más dudas que un jurado en un reality show, porque nadie sabe cuál es el objetivo final de esta bronca. Mientras tanto, el petróleo mundial se disparó un 16% desde que estalló el conflicto el sábado, gracias a los bloqueos en Oriente Medio. En EE. UU., la gasolina ya trepó 27 centavos por galón, a 3.25 dólares según AAA, 15 centavos más que hace un año. Pero Trump insiste en que “no ha subido mucho”, como si viviéramos en un universo paralelo donde las matemáticas son opcionales.
Ni siquiera piensa tocar la Reserva Estratégica de Petróleo y jura que el estrecho de Ormuz seguirá abierto porque, según él, la armada iraní está “en el fondo del mar”. Hasta los republicanos como Mike Johnson hacen malabares para ignorar el tema, aunque los analistas advierten que esta escalada podría ser un gol en contra para las elecciones de noviembre. ¿Votantes furiosos por el costo de vida? Parece que Trump prefiere jugar a la guerra que preocuparse por nuestra billetera. Esto huele más a desastre que a estrategia.


