En una charla que parece más un guion de película de acción, Donald Trump dejó caer la semana pasada que Estados Unidos “hizo volar por los aires” una “gran instalación” ligada al narcotráfico en Venezuela. Hablando con John Catsimatidis en la radio WABC de Nueva York, el presidente aseguró que fue hace dos noches y que “los golpearon muy duro” como parte de su cruzada contra Nicolás Maduro. ¿Detalles? Ni uno. ¿Ubicación? Un misterio.
Trump no aclaró si esto marca el primer ataque terrestre de fuerzas estadounidenses contra cárteles en América Latina, algo que lleva semanas prometiendo con un entusiasmo digno de blockbuster. Desde septiembre, EE. UU. ha atacado embarcaciones de presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico oriental, dejando más de un centenar de muertos. Ahora, con un bloqueo naval en las costas venezolanas y dos buques petroleros decomisados por sanciones, la presión sobre Maduro sube como la tensión en un thriller.
Ni el Pentágono ni la Casa Blanca quisieron confirmar o desmentir las palabras de Trump, dejando a todos con más preguntas que respuestas. Desde Caracas, tampoco hay declaraciones oficiales, aunque Maduro ha acusado repetidamente a Washington de querer derrocarlo para quedarse con las riquezas de Venezuela. ¿Casualidad o estrategia?
Mientras Trump sigue jugando al sheriff del hemisferio, el silencio oficial deja espacio para especular si esto es un farol o el inicio de una operación digna de Hollywood. ¿Será este el primer paso de botas yankis en suelo venezolano, o solo una fanfarronada más grande que un tanque? El tiempo dirá.


