Donald Trump soltó una de sus clásicas perlas este viernes en la Casa Blanca, rodeado de magnates petroleros, al jurar que Groenlandia, el territorio danés helado, será de Estados Unidos “por las buenas o por las malas”. Como un villano de película de acción, insistió en que controlar esa isla rica en minerales es “crucial” para la seguridad nacional, culpando a Rusia y China de militarizar el Ártico.
“Quiero un acuerdo por las buenas, pero si no se puede, lo haremos por las malas”, advirtió Trump, dejando claro que no aceptará un “no” por respuesta. Según él, si EE. UU. no actúa, Rusia o China se apoderarán de Groenlandia como quien reclama el último pedazo de pizza. La Casa Blanca no descartó la opción militar, confesando que Trump “reflexiona activamente” sobre comprar la isla, aunque no aclaró si será con un cheque o con tanques. En una entrevista con el New York Times el jueves, incluso admitió que podría tener que elegir entre la OTAN y su obsesión ártica.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, no se quedó callada y lanzó una advertencia gélida: un ataque de EE. UU. significaría “el fin de todo”, refiriéndose a la alianza con la OTAN. Trump, intentando suavizar el hielo, dijo ser “fan de Dinamarca”, pero remató con un “que hayan llegado hace 500 años no significa que sean dueños”. ¿Acuerdo o invasión? Esto tiene más tensión que un reality de subastas. Groenlandia podría pasar de ser un paraíso helado a la manzana de la discordia más fría del planeta.


