
Vamos directo al grano: el cierre del gobierno de Estados Unidos está a punto de romper récords, llegando a su día 36 este miércoles, superando la marca de 2019 bajo el mando de Donald Trump. Mientras republicanos y demócratas se pelean como niños por el último pedazo de pastel presupuestario, 1.4 millones de empleados públicos están sin sueldo, trabajando gratis o viendo programas sociales desmoronarse más rápido que un castillo de naipes en un huracán.
En los aeropuertos, el caos reina: el secretario de Transporte, Sean Duffy, amenaza con cerrar el espacio aéreo porque los controladores aéreos están más ausentes que un amigo en lunes por la mañana. Trump, por su parte, juega al duro, diciendo que la ayuda alimentaria esperará hasta que el gobierno reabra, aunque antes prometió beneficios parciales. ¿Coherencia? Eso es para perdedores. Mientras tanto, el presidente de la Cámara, Mike Johnson, admite que nadie esperaba este culebrón tan largo, como si fuera una serie de Netflix que no sabes si odiar o maratonear.
Los demócratas exigen desmantelar reformas sanitarias republicanas y empezar de cero, mientras Trump pide eliminar el filibusterismo en el Senado, esa barrera de 60 votos, para imponer su agenda. Los líderes republicanos, como John Thune, le bajan el volumen: no hay votos suficientes. Un grupo bipartidista intenta un compromiso sobre seguros médicos, pero Trump se niega a negociar, acusando de extorsión como si fuera el héroe de una película de acción barata.
En fin, mientras millones ven sus primas de seguro dispararse, este cierre parece una comedia de errores. ¿Llegarán a un acuerdo o seguiremos viendo este circo? Apuesten por más palomitas: esto no termina pronto.

