¡Washington y La Habana en un nuevo round de dimes y diretes! Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU., dijo el martes que los anuncios de Cuba de permitir inversiones de su diáspora no son “suficientemente drásticos”. Esto, mientras acompañaba a Trump en el Despacho Oval recibiendo al primer ministro irlandés, Michael Martin. Según Rubio, abrir la isla a cubanos del exterior para invertir y tener empresas, incluso en el sector bancario, “no va a arreglar las cosas”.
El ministro cubano de Comercio Exterior, Oscar Pérez-Oliva, afirmó en NBC que Cuba está lista para negocios con empresas yanquis y cubanos residentes en EE. UU., pero Rubio insiste en que el embargo, vigente desde 1962, solo se suavizará con cambios políticos en la isla. Trump, por su parte, soltó una perla: aspira al “honor de tomar Cuba, de alguna manera”, y dijo que “pronto” hará algo, tras charlas con Rubio. Según The New York Times, la administración Trump presiona para que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, deje el poder.
Tanieris Diéguez, diplomática cubana en Washington, replicó que su país está abierto a conversaciones y más inversiones, pero no a cambiar su sistema político. “Nada relacionado con nuestro modelo constitucional está en negociación, ni lo estará”, aseguró. Denunció el embargo como el gran obstáculo, ahuyentando inversores y agravado por cortes de petróleo que calificó de castigo. Tanto Trump como Díaz-Canel admiten diálogos ante la crisis económica cubana, marcada por un apagón nacional el lunes.
Esto parece más un juego de ajedrez sin jaque mate. ¿Habrá un acercamiento real o seguiremos con sanciones y discursos? La isla y la Casa Blanca están más lejos de un acuerdo que dos gatos en un callejón.


