¡Alerta de drama internacional! Donald Trump y Volodimir Zelenski tuvieron una charlita telefónica este miércoles, como dos vecinos cotilleando por encima de la cerca, pero con más misiles de fondo. La llamada, que duró unos 30 minutos, fue el preámbulo de un encuentro diplomático en Ginebra. ¿El tema? Preparar negociaciones con Rusia para marzo, mientras todos cruzan los dedos y rezan por un milagro.
Resulta que mañana jueves, en Ginebra, el negociador ucraniano Rustem Umiérov se reunirá con el emisario gringo Steve Witkoff y Jared Kushner, el yerno de Trump que siempre aparece como el amigo que nadie invitó pero trae el café. Zelenski, optimista como un vendedor de seguros en quiebra, dijo en X que espera que esta reunión bilateral empuje las conversaciones trilaterales con Rusia. La agenda incluye un canje de prisioneros y un paquete para reconstruir Ucrania, que a estas alturas parece más un Lego pisoteado que un país.
Desde que Trump volvió a la Casa Blanca, ha estado presionando por terminar esta guerra que empezó en 2022 con la invasión rusa, dejando Europa como un set de película postapocalíptica. Cientos de miles de muertos, ciudades en ruinas y millones huyendo: un desastre que ni Netflix se atrevería a dramatizar. Pero las negociaciones han sido tan efectivas como un paraguas en un huracán. Rusia, que ocupa el 20% de Ucrania, exige Donetsk entero, mientras Kiev dice “ni madres” y pide garantías contra futuras invasiones.
Zelenski, celebrando cuatro años de resistencia, soltó que Putin no logró quebrarlos. ¿Y el Kremlin? Silencio total, como un ex que no contesta tus mensajes. Mientras tanto, en Ginebra, Witkoff dice que explorarán “versiones” de paz. ¿Acuerdo o bluff? Esto huele más sospechoso que un influencer vendiendo criptomonedas.


