¡Europa vuelve a apretarse el cinturón energético! Este martes, tras una reunión virtual de ministros de Energía de la UE, el comisario Dan Jørgensen anunció que el bloque considera reactivar las medidas de emergencia de 2022, cuando Rusia cortó el gas tras invadir Ucrania. ¿El motivo? La guerra entre EE. UU., Israel e Irán, desatada el 28 de febrero, está haciendo temblar los mercados energéticos como si fueran un castillo de naipes.
Jørgensen propuso limitar tarifas de red e impuestos a la electricidad, admitiendo que no saben cuánto durará esta crisis ni su alcance. «Aunque la paz llegara mañana, las consecuencias perdurarían porque la infraestructura energética de Oriente Medio está hecha trizas», aseguró a la prensa. En 2022, la UE impuso topes a precios de gas, impuestos a ganancias extraordinarias de empresas energéticas y metas para reducir la demanda de gas. Ahora, temen un déjà vu.
Los precios del gas en Europa han subido más del 70% desde que empezó el conflicto, aunque el cierre del Estrecho de Ormuz no afecta directamente el suministro de crudo y gas natural, ya que la mayoría viene de fuera de Oriente Medio. Sin embargo, Bruselas está con el Jesús en la boca por los productos refinados como combustible de aviones y diésel. El 15% del queroseno europeo viene de esa región, y los últimos envíos antes del cierre llegarán el 10 de abril, según Benedict George de Argus Media. Si las reservas caen, podríamos ver escasez localizada o precios más locos que un parque de atracciones.
Jørgensen pidió a los gobiernos posponer mantenimientos de refinerías para no quedarse sin combustible. ¿Logrará la UE evitar otro invierno energético de terror o terminaremos todos cargando leña como en la Edad Media?


