La tarde del 12 de febrero de 2026, la UNAM anunció nuevos nombramientos para su Junta de Gobierno en una sesión a puerta cerrada, más discreta que una reunión de espías. Sin embargo, el ambiente se calentó más que un debate en redes sociales por la polémica designación de Rosaura Martínez Ruiz, cuya cercanía con el gobierno de Claudia Sheinbaum, a través de su madre Rosaura Ruiz, titular de la SECIHTI, levantó cejas y sospechas.
Martínez Ruiz reemplaza a Ana Rosa Barahona Echeverría, pero su aprobación no fue unánime, sino por mayoría de votos en el Consejo Universitario. Ambrosio Velasco, del Instituto de Investigaciones Filosóficas, defendió su candidatura, destacando que tanto su madre como su padre lucharon por la autonomía universitaria en movimientos estudiantiles. Calificó las críticas sobre su parentesco como una “sucia campaña”, aunque algunos ven este nombramiento como un pase VIP directo al poder. Su currículum no es poca cosa: licenciada en Psicología y doctora en Filosofía por la UNAM, con medalla Gabino Barreda y mención honorífica, además de una maestría en Nueva York en The New School for Social Research, aprendiendo de pesos pesados como Jacques Derrida.
También se nombró a Sara Ladrón de Guevara González, quien sustituye a Enrique Cabrero Mendoza. Con formación en Arqueología por la Universidad Veracruzana y maestría en Historia del Arte por la Sorbona, su perfil es tan sólido como una pirámide maya. Por último, José María Serna de la Garza, investigador de Derecho en la UNAM, reemplaza a Margarita Beatriz Luna Ramos. Presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, ha impartido clases hasta en la Universidad de Texas.
¿Serán estos cambios un hit académico o un melodrama político interminable? La UNAM sigue siendo un campus de intrigas más fascinantes que cualquier telenovela vespertina.


