La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de la Escuela Nacional de Ciencias Forenses (ENaCiF), firmó un convenio con la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX) para crear el Programa de Recuperación y Análisis de Cuerpos. Sí, básicamente están formando un dream team para desenterrar verdades y darles nombre a los sin nombre.
Zoraida García Castillo, directora de la ENaCiF, aseguró que sus expertos del Laboratorio de Antropología y Odontología Forense pondrán su magia al servicio de la Fiscalía. Desde arqueología hasta genética y dactiloscopía, ayudarán en exhumaciones e identificaciones, como si fueran los Sherlock Holmes de los restos humanos. Destacó que la CDMX es pionera en inhumaciones controladas, algo así como organizar un entierro con GPS y un plan más sólido que un episodio de CSI.
El convenio, con vigencia de cinco años, incluye capacitación y asesoría técnica. La fiscal Bertha María Alcalde celebró esta alianza, subrayando la urgencia de identificar cuerpos en fosas comunes o panteones ministeriales, muchos sin reclamar, como paquetes olvidados en una oficina de correos. “Necesitamos a la UNAM, su transparencia y expertise nos harán menos torpes”, admitió con una honestidad brutal. También resaltó el nuevo Centro de Atención Integral para la Búsqueda de Personas como parte de esta cruzada.
La relación entre ambas instituciones no es nueva: la antigua Procuraduría ayudó a crear la carrera de ciencias forenses en la UNAM, y sus estudiantes terminan formándose en el Instituto de Formación Profesional. Algunos incluso son contratados, demostrando que la universidad no solo educa, sino que fabrica cracks forenses listos para resolver crímenes o al menos proponer políticas que no suenen a ciencia ficción. ¿Resultado? Un futuro donde los casos sin resolver podrían tener menos giros inesperados que una telenovela.


