En un movimiento que parece gritar “¡tomen eso, aranceles!”, Uruguay se convirtió este jueves en el primer país en ratificar el acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea, tras una votación aplastante en su Congreso: 91 a favor y solo dos gruñones en contra en Diputados, un día después de un sí unánime en el Senado. Argentina también está a punto de subirse al tren, mientras Brasil y Paraguay afilan los lápices para firmar en los próximos días.
El canciller uruguayo, Mario Lubetkin, lo calificó de “histórico” y una señal a Europa, como si estuviera mandando un emoji de guiño al otro lado del Atlántico. Este acuerdo, firmado en enero en Asunción tras 25 años de charlas más largas que una telenovela, creará la mayor zona de libre comercio del mundo, abarcando a más de 700 millones de personas. ¿El trato? Europa exportará autos, maquinaria y vinos con menos trabas, mientras Mercosur enviará carne, azúcar, arroz, miel y soja como si fuera un buffet libre.
Sin embargo, no todo es fiesta: Francia y otros países europeos están nerviosos, temiendo que sus vacas y campos sufran más que en un reality de supervivencia. Por eso, el Parlamento Europeo pateó el tema a los tribunales en enero, dejando el acuerdo en pausa, aunque podrían aplicarlo provisionalmente. En Mercosur, aunque hay apoyo general, algunos sectores industriales y vinícolas sudamericanos miran el trato con más desconfianza que a un vendedor de cremas milagrosas.
Quedan detalles como cuotas de exportación por negociar, pero el camino parece despejado. ¿Será este el inicio de una luna de miel comercial o un matrimonio por conveniencia? Solo el tiempo dirá si el intercambio de vinos y carne termina en brindis o en indigestión.


