
¿Un portaviones como arma secreta contra el narcotráfico? El martes, el USS Gerald Ford, el más grande del mundo, se unió al operativo de EE. UU. en el Caribe para combatir el tráfico de drogas desde Latinoamérica. Venezuela, con Nicolás Maduro al frente, grita “¡complot!” y jura que esto es un plan para derrocarlo. Mientras tanto, Rusia condena los bombardeos gringos como si fueran villanos de película de acción.
Desde septiembre, EE. UU. ha desplegado buques, aviones y soldados en la región, bombardeando 20 embarcaciones y dejando 76 muertos, según el secretario de Defensa, Pete Hegseth. El último ataque fue el domingo en el Pacífico, con seis fallecidos. El Pentágono, con Sean Parnell a la cabeza, dice que el Gerald Ford “desarticulará actividades ilícitas”, pero no han mostrado pruebas de que las embarcaciones sean narco-botes. Hasta Gran Bretaña, aliada de siempre, se lava las manos y se niega a compartir inteligencia para no ser cómplice de lo que algunos llaman “bombardeos ilegales”.
Venezuela no se queda atrás y activó ejercicios militares con 200,000 efectivos, según el ministro Vladimir Padrino, aunque en Caracas no se vio ni un tanque. Maduro, en plan Rambo tropical, llama a la Milicia Bolivariana a defenderse del “imperialismo” y jura que su pueblo está listo para pelear. Rusia, aliada de Maduro, califica los ataques de “inaceptables” por boca de Serguéi Lavrov, quien acusa a EE. UU. de actuar como cowboy sin ley.
Mientras tanto, el Comando Sur de EE. UU. presume músculo naval como si fuera un desfile de moda marítima. ¿Resultado? Una telenovela geopolítica con más drama que una final de reality. Si esto es lucha antidrogas, parece más un guion de Hollywood con explosiones incluidas. ¿Próximo capítulo? Que Maduro envíe palomas mensajeras como contraataque “estratégico”.

