El Parlamento venezolano dio este lunes su primer visto bueno a una nueva ley de minería que abre las compuertas a capitales extranjeros, en un giro que huele a influencia estadounidense tras la caída de Nicolás Maduro. El proyecto, impulsado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien asumió el poder tras la captura de Maduro en una operación militar de EE. UU. el 3 de enero, busca atraer inversión en un país rico en oro, diamantes, bauxita y coltán. Rodríguez, bajo presión de Donald Trump, a quien cedió control del petróleo, también reformó la ley de Hidrocarburos como base de esta iniciativa.
La ley, que aún necesita una segunda discusión tras consulta pública, promete mayor participación privada y arbitraje internacional para resolver disputas, según un borrador revisado por AFP. Orlando Camacho, de la comisión de Energía y Petróleo, dijo que busca “generar confianza” para inversiones. Esto, mientras el Comando Sur de EE. UU. publica fotos de aviones caza patrullando costas venezolanas, sin que el gobierno interino reclame. ¿Coincidencia o mensaje?
La actividad minera se centra en el Arco Minero, un área de 112,000 km² donde ecologistas denuncian daños ambientales y presencia de grupos armados. El trámite legislativo llega tras la visita del secretario del Interior de EE. UU., Doug Burgum, el 4 de marzo, y el anuncio de reanudación de relaciones diplomáticas con Washington, rotas desde 2019. Burgum se reunió con Rodríguez junto a empresarios interesados.
Así, mientras Venezuela intenta levantarse con leyes más abiertas, la sombra de EE. UU. planea sobre cada decisión. ¿Será esto un renacer económico o un trueque de soberanía por dólares? Esto está más turbio que un pozo de petróleo sin refinar.


